domingo, 21 de noviembre de 2010

El río de la vida

A veces de un dia para otro, sin apenas darte cuenta, ya has roto el cascarón.
Y estas ahí fuera, entre tanta luz y tantos peligros, que un escalofrio de emociones recorre cada atomo de tu cuerpo.

Atomo a atomo te introduces en ese desconocido río llamado vida, y te vas empapando de sus aguas, a veces frías, a veces calientes, con burbujas, placenteras, apaciguadoras, aguas que te arrastran, que te hacen salir a flote, te mecen y te carician o te lanzan hacia las piedras de tus miedos.

Hay gotas que simplemente pasan, hay gotas que te mojan, se adhieren, hay gotas que bebes, gotas que se quedan adheridas en lo más hondo de tu ser, gotas como; madre, Cleo, luz de mañana, chocolate, viento, tú, el chico de la panaderia, la niña que llora, árbol viejo torcido, lluvia de verano, olor de pan recien hecho, tus dedos en mi espalda, aquella lágrima, la sonrisa de Marina o gato tuerto.

Cada corriente es un camino, cada camino es desconocido. Solo hay que dejarse llevar, es en valde luchar, solo podemos deambular de corriente en corriente, de experiencia en experiencia, del columpio al tobogan, de la escuela al instituto, de Mateo a Gabriel, de Bilbao a Copenhage, del cine a casa, de tu casa a la mia, de la risa al llanto, del placer a la locura y de ahí a la cordura…

Todo fluye a nuestro alrededor, todo nos empapa,es inevitable. Hay aguas subterraneas que recorren nuestra faringe, ahorta e intestinos. Hay aguas superficiales que peinan nuestro cabello, acarician nuestro cuello, desgarran el vientre y rozan el dedo gordo de tú pie.

Y mientras todo fluye, solo queda lo que guardamos dentro de nosotros, lo que de verdad somos, la esencia. Y esas minúsculas y escasas gotas, que lográn llegar a ese pequeño planeta llamado corazón.

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