lunes, 25 de enero de 2010

Llueve en el desierto




Mis ojos se llenan de lágrimas cada vez que lo pienso, el corazón me pesa y la ira corre por mis venas.

Cada vez que un trozo de selva es salpicada de oro negro, cada vez que uno de sus habitantes muera, derramaré una lágrima.
La mirada del gorila asustado, su robusta mano separada del brazo…cada vez que lo hagais, derramaré una lágrima.
Cada vez que vea a una señora con un abrigo lleno de porques derramaré una lágrima.
Por cada minuto en el que un niño muere de hambre mientras otro tira su comida porque “no quiero espinacas quiero macarrones”, derramaré una lágrima.
Cada vez que un heroe de la nación viole a un alma inocente derramaré una lágrima.
Por cada cheque que reciba el señor gordo de bigote a costa del último aliento de un buen hombre, derramaré una lágrima.
Por cada tiro de cazador y pajaro tieso derramaré una lágrima.
Por cada llanto, grito, suspiro…de la madre tierra derramaré una lágrima.

Y de lágrimas mares, y de mares la muerte…nuestra muerte.

jueves, 21 de enero de 2010

Espiral de sinsentidos con una cucharadita de romanticismo


Lo odio, odio hacerlo, odio que me lo hagan. Odio tener que callar, odio que calles.


Una palabra, una sola palabra de esos labios color cereza y caigo, grito y me derrito.


Sólo una, pero tu callas.


Cada silencio alimenta una espiral de sinsentidos que atrapa a los pájaros de mi cabeza, y las urracas se están adueñando de los nidos de mi pelo.


Las mariposas salieron de sus jaulas y ya no hay vuelta atrás…y cada vez se alejan más, se confunden con el horizonte de tus ojos, y tú, tú ni te percatas de su baile hipnótico.


Cierro los ojos, alargo el brazo y sueño con que las estrellas me regalen una sonrisa tuya, tan lúcida, tan sentida, que desee abrir los ojos y contemplarlo eternamente, parte del firmamento.


Pero tu no sonries, tu sólo callas.


Y yo, yo me pierdo entre estrellas, mariposas y labios sellados de color cereza.

miércoles, 20 de enero de 2010

EL BOGAVANTE



Un día más, odisea en el supermercado. Jamás he conseguido encontrar algo a la primera, será que soy una mala rastreadora de comida o que nunca entenderé porque ponen los productos de limpieza al lado de la comida para mascotas. La señorita Ojos de Gato y yo, yo y ella, buscando comida mexicana, queriamos darle un toque multicultura al día. Ella por la derecha yo por la izquierda cubriendo uno a uno los pasillos con estantes llenos de todo tipo de cosas menos las que una quiere o necesita, estaba todo planificado.
Ültimo pasillo por la izquierda, o el primero por la derecha. A un lado espirales, tiburones y spaghettis ordenados en paquetes de colores, al otro una torre de latas de atún en oferta. Y mis ojos pararón en seco…unos ojos diminutos, ingenuos y fríos me estaban observando. Me acerque con cuidado, la negrura brillante de sus ojos me intimidaba. Acerque la cara al cristal, él ni se movio.

- ¿No le da pena venderlos para comer?
- Ninguna, son para eso
- Me la llevaría a casa
- No puedes, no tienes filtro de oxígeno ni agua de mar y se moriría, además no son para tener en casa, son para comer.

Había olvidado la carencia imaginativa de la mayoría de las trabajadoras de un supermercado. Ni un apice de ternura, ni un poquito de compasión, ni una sonrisa en su rostro aspero.
Vuelvo a mirar a esos ojos diminutos, con una mirada que dice “lo siento”, me doi la vuelta y siguo con mi busqueda aún más pérdida que antes, incapaz de mirar atrás, a unos ojos que suenan a muerte.
Hoy, llevo un bogavante en el corazón.