
Un día más, odisea en el supermercado. Jamás he conseguido encontrar algo a la primera, será que soy una mala rastreadora de comida o que nunca entenderé porque ponen los productos de limpieza al lado de la comida para mascotas. La señorita Ojos de Gato y yo, yo y ella, buscando comida mexicana, queriamos darle un toque multicultura al día. Ella por la derecha yo por la izquierda cubriendo uno a uno los pasillos con estantes llenos de todo tipo de cosas menos las que una quiere o necesita, estaba todo planificado.
Ültimo pasillo por la izquierda, o el primero por la derecha. A un lado espirales, tiburones y spaghettis ordenados en paquetes de colores, al otro una torre de latas de atún en oferta. Y mis ojos pararón en seco…unos ojos diminutos, ingenuos y fríos me estaban observando. Me acerque con cuidado, la negrura brillante de sus ojos me intimidaba. Acerque la cara al cristal, él ni se movio.
- ¿No le da pena venderlos para comer?
- Ninguna, son para eso
- Me la llevaría a casa
- No puedes, no tienes filtro de oxígeno ni agua de mar y se moriría, además no son para tener en casa, son para comer.
Había olvidado la carencia imaginativa de la mayoría de las trabajadoras de un supermercado. Ni un apice de ternura, ni un poquito de compasión, ni una sonrisa en su rostro aspero.
Vuelvo a mirar a esos ojos diminutos, con una mirada que dice “lo siento”, me doi la vuelta y siguo con mi busqueda aún más pérdida que antes, incapaz de mirar atrás, a unos ojos que suenan a muerte.
Hoy, llevo un bogavante en el corazón.
Jajajjaja que conmovedora entrada. YA ERA HORA DE QUE VOLVIERAS!!
ResponderEliminarCómo estas? :]
Estaba metamorfoseando,parece que ya se acabó!
ResponderEliminarVolveremos a encontrarnos entre letras!